La prueba de que es posible

Entrevista con John Bradford, director de ciencia y tecnología de Interface

Antes de llegar a ser el científico loco residente de Interface, el director de ciencia y tecnología John Bradford era el hijo de unos agricultores. “Nunca derrochábamos nada, no nos lo podíamos permitir”, recuerda haber crecido en un entorno agrícola. “Lo que hicieras en primavera tendría consecuencias en otoño, de manera que los ciclos de responsabilidad también eran bastante cortos”. En otras palabras, la infancia de Bradford le enseñó el concepto de un sistema cerrado, en el que los materiales se reutilizan constantemente, incluso si deben cambiar de forma o fase para hacerlo. El ingeniero en ciernes también aprendió que tales ciclos dependen de una buena gestión: si se descuida el cuidado de la tierra que se ha quedado sin nutrientes por la cosecha del año pasado o el almacenamiento del agua de lluvia durante una estación especialmente húmeda, la próxima cosecha puede resultar decepcionante.

Como ejemplo de un caso a gran escala de un ciclo que se sale del eje, Bradford señala el ciclo global del carbono. Casi todo en la Tierra incluye un componente de carbono. Los plásticos se componen de hidrocarbonos almacenados en la corteza terrestre, mientras que las plantas hacen la fotosíntesis a partir del carbono de la atmósfera para convertirlo en carbohidratos. Bajo circunstancias históricamente normales, el planeta hubiera seguido su curso tan tranquilo mientras las plantas atrapaban dióxido de carbono y ese carbono se filtraba lentamente en la tierra o el aire a través de diversos procesos vitales. “Pero la Revolución Industrial consistió básicamente en tomar materiales con base de carbono y convertirlos en residuos con el paso del tiempo. Y cuando esos materiales no se reutilizan, se bombea carbono a la atmósfera a un ritmo bastante más rápido [del que la Tierra puede absorber]”, comenta Bradford. Como el sistema de carbono es un ciclo cerrado, el carbono en la atmósfera que está causando el cambio climático actual no es excesivo, sencillamente “el carbono está en el lugar equivocado”.

¿Es posible devolver el equilibrio a este ciclo? O, como lo explica Bradford, “¿extraer el carbono de la atmósfera e incorporarlo a los ciclos que recuperan nuestro medioambiente?” Hace un año y medio, Jay Gould, ahora presidente y CEO de Interface, planteó precisamente ese reto a la empresa con la iniciativa Climate Take Back™, que comenzó a desarrollarse en junio del pasado año. En la actualidad, Interface está un paso más cerca de dar con una solución gracias al prototipo de la loseta que atrapa carbono.

Detener el ciclo cuando se captura el carbono y volver a usar esos materiales #PositiveSpaces

Bradford explica que antes de que Interface pudiera incluso considerar el logro de un impacto medioambiental positivo, primero tuvo que eliminar sus residuos de carbono. “Cuando haces público un sueño de esta envergadura, hay hitos a lo largo del camino”, y el reto de Gould se apoya en la iniciativa Mission Zero®, el objetivo de Interface de eliminar cualquier impacto negativo que la empresa pueda tener en el medioambiente para 2020. “Antes usábamos grandes cantidades de agua para teñir nuestros productos, y la energía sigue al agua, por lo que nuestro consumo de energía disminuyó drásticamente cuando cambiamos nuestros procesos”, recuerda Bradford. En Europa, la fábrica de los Países Bajos funciona ahora con electricidad 100 % renovable y biogás a base de restos de pescado y chocolate procedentes de empresas de procesamiento de alimentos locales.

Por término medio, aproximadamente el 70 % de la huella de carbono de un material se atribuye a la extracción y procesamiento de materias primas, y Bradford dice que se pueden obtener beneficios aun mayores al cerrar el sistema de producción de Interface desde las materias primas. “Para que podamos tener impacto en nuestra huella de carbono total, tenemos que rediseñar las cosas”, comenta citando las iniciativas de Interface para eliminar los desechos, crear ciclos cerrados y reutilizar los materiales después de su consumo como nuevos ingredientes. Las emisiones netas de gases de efecto invernadero de las fábricas de la empresa en todo el mundo se desplomaron de 1,46 kg de dióxido de carbono por metro cuadrado en 1996 a tan solo 0,12 kg en 2015.

Interface podría comprar compensaciones de carbono suficientes para alcanzar el nivel cero y un positivo neto a partir de ahí. Pero Bradford, personalmente, rechaza la complacencia. Además, el nuevo prototipo demuestra que una alternativa todavía más ecológica es factible. “No se trata de alquimia ni de una quimera” añade. “Se puede lograr de verdad”.

Para entender cómo es posible, es necesario volver a analizar el ciclo global del carbono, y dos sistemas mediante los cuales el carbono se extrae de la atmósfera. El primero es la fotosíntesis. Bradford denomina a esto un proceso continuo de separación de dióxido de carbono y agua en oxígeno que se pueda respirar y azúcares (es decir, carbono almacenado en la planta). En este ciclo el carbono está secuestrado hasta que la planta muere o se consume (por ejemplo, se quema). Cuando ocurre cualquiera de estos eventos, se producen de nuevo fugas de carbono hacia el cielo. Las plantas tendrían que seguir viviendo o ser procesadas de maneras específicas para que el carbono quede retenido y, por tanto, eliminado del ciclo.

El segundo sistema implica extraer CO2 de forma mecánica o química, y devolverlo a la corteza terrestre mediante la aplicación de presión o calor. Pero esto también tiene sus inconvenientes. La extracción sintética de CO2 del aire es un proceso complejo y que suele consumir mucha energía.

La loseta de captura de carbono de Interface aprovecha el primer sistema. Pero la empresa no vende árboles perennes ni arbustos, y tampoco se dedica al negocio de la gasificación. “Esto me lleva de vuelta a la granja”, comenta Bradford. “Todo lo que realmente se necesita hacer es detener el ciclo cuando el carbono se captura y, a continuación, utilizar estos materiales una y otra vez”.

Esto es exactamente lo que el prototipo de loseta logra, mediante la incorporación de carbono derivado de plantas naturales por toda la loseta. Las plantas de las que provienen estos recursos han capturado carbono de la atmósfera. De hecho, la recolección de los materiales no implica necesariamente la muerte de las plantas, y el carbono entra en el sistema cerrado que Interface ha desarrollado durante las dos últimas décadas. “Lo magnífico de esta historia es que los 20 años de trabajo que hemos dedicado a la creación de estos procesos de circuito cerrado forman parte de la misión Climate Take Back. Si no contáramos con ellos, no tendríamos un mecanismo para almacenar el carbono de vuelta a casa”. Y en el caso improbable de que una de estas losetas de captura de carbono vaya a parar a un vertedero, dice Bradford, los polímeros en los que están incrustados los ingredientes de la loseta impedirán la liberación del carbono secuestrado a la atmósfera durante más de una generación. Bradford estima que, en total, las emisiones netas de la loseta alcanzarán menos de -2 kilogramos de equivalente de dióxido de carbono por metro cuadrado.

Para ser sinceros, Bradford dice que la cobertura de la loseta de captura de carbono sigue siendo incierta y que Interface tendrá que trabajar más en la escalabilidad: así es la historia de los prototipos. Sin embargo, está deseando ver la evolución que tendrá lugar a medida que los usuarios y los socios de la cadena de suministro interactúen con el prototipo y proporcionen sus comentarios para realizar mejoras. La gira para mostrar la loseta comienza en Londres a finales de mayo, con la presentación de Interface en la Clerkenwell Design Week, y continuará en los Estados Unidos al mes siguiente en la NeoCon de Chicago.